miércoles, 5 de septiembre de 2007

Postales de Estados Unidos: En el Cañón del Colorado

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Con mis amigos el empresario Jorge Vecchio, el "colorado" Francis y el ingeniero Miguel Angel Chalub, quienes viajaron desde Córdoba a la ciudad de Las Vegas a presenciar el Preolímpico de Basket, aprovechamos la oportunidad del encuentro y decidimos viajar al Gran Cañón del Colorado (en el vecino Estado de Arizona), distante a unos 450 kilómetros de la Capital Mundial de los Casinos. (Ver mapa adjunto de la ruta que hicimos). Salimos muy temprano desde el hotel donde se hospedaban, el imponente "Circus Circus" en plena avenida Las Vegas Boulevard. El recorrido fue divertido e incluyó el paso por la famosa Ruta 66, donde nos encontramos con muchísimos "motoqueros" e incluso parejas de la tercera edad que nos cedieron amablemente sacarnos fotos con sus mimadas Harley Davidsons.
Este majestuoso monumento natural del estado de Arizona convoca a viajeros de todo el mundo. Los imponentes paisajes, las excursiones y todo lo que hay que saber. En pocos minutos, los cuatros viajeros estábamos sorprendidos de la cantidad de idiomas que escuchamos hablar en nuestro paso por las escalinatas. Sentiremos en el pecho el ímpetu de las aspas tremendas del helicóptero que nos lleva sobrevolando el Gran Cañón del Colorado. La máquina es impresionante: acero domado por el intrépido hombre moderno hasta hacerlo volar a voluntad. Pero desde unos kilómetros más arriba, el helicóptero queda reducido a un destello blanco, y entonces el Gran Cañón puede empezar a apreciarse en toda su dimensión. Y desde más arriba aún, cuando el helicóptero haya desaparecido completamente y la Tierra ya sea una esfera, el Gran Cañón del río Colorado será aún imponente, una recia cicatriz de la faz del planeta como una marca en la cara de un guerrero navajo. Los hombres son tan insignificantes como gérmenes, en las dimensiones del Gran Cañón. Sin embargo, allí abajo, en su nimiedad, los gérmenes humanos son capaces de ser felices con esta exclamación descomunal de la geología. La gente se queda sin aliento ante la belleza que ha creado una mano que no es la del hombre. Pasarán los años y las personas seguirán intentando describir lo que vieron hechizadas: la magnificencia del Gran Cañón del río Colorado. Allí están, dos pequeñitos seres humanos que han salido a las 6:30 de la mañana de Las Vegas, luego de apostar todo el dinero que tenían, y volaron por el cielo sobre el Gran Cañón mientras salía el Sol. Finalmente han descendido en uno de los bordes y están desayunando champán, contemplando cuán inmenso es el mundo y brindando por el momento. Sólo un momento, pero que es eterno.

Un laberinto infinito

El Gran Cañón está en el norte del estado de Arizona, cerca de la frontera con Utah. Es un laberinto infinito en el que se perdieron los titanes, hecho de cañones, fisuras y quebradas esculpidas en la roca, mesetas, montañas y torres, que mide hasta 29 kilómetros de ancho y 340 kilómetros de largo. Y si se mira hacia abajo, hasta el fondo hay una profundidad de un kilómetro y medio. Está declarado Patrimonio Universal y es jurisdicción del Parque Nacional del Gran Cañón y las reservas indígenas Havasupai y Hualapai. Unos cuatro millones de turistas lo visitan cada año. El South Rim (Borde Sur) es el más concurrido; ofrece las vistas más amplias y es de más fácil acceso. A su Centro para Visitantes se llega luego de un recorrido en auto de una hora y media desde Flagstaff o de cinco horas desde Las Vegas. Allí está la Grand Canyon Village, que tiene varios hoteles, restaurantes y servicios. También se puede acceder por la línea de Ferrocarriles Gran Cañón, que opera con trenes de locomotora a vapor. A 16 kilómetros (aunque para llegar en auto hay que recorrer 320 kilómetros) y 300 metros más alto está el North Rim, preferido por quienes buscan los paisajes solitarios. En tanto, el West Rim está dentro de la Reserva Indígena Havasupai. Decenas de agencias de excursiones ofrecen una gran variedad de maneras de enfrentarse al Gran Cañón. Por ejemplo, desde el South Rim puede hacerse el descenso hasta la base del cañón a pie. El más usual es el recorrido Bright Angel, que toma dos días. La exigencia física es pagada con creces por el espectáculo soberbio del viaje hacia las profundidades del tiempo por rocas colosales. Octubre, noviembre y abril son los meses más indicados para esta caminata. También se puede descender en mula. En la Grand Canyon Village se ofrecen programas para chicos, clases de fotografía, caminatas por el borde del cañón orientadas por guías, museos, librerías y souvenires. Por supuesto, hay viajes guiados para ir de excursión a las partes menos frecuentadas del Gran Cañón, en vehículo o también caminando. Los paseos aprovechan los portentosos cambios en los colores y las formas de las torres y barrancas, que va esculpiendo la luz del día. Hay tours hacia la puesta del Sol en determinados puntos. Pueden visitarse ruinas indias prehistóricas, restos de misiones y de una fortaleza mormónica, los territorios por donde vagaron Cochise, Gerónimo y sus apaches. También pueden admirarse el Puente del Arco Iris —un puente natural de roca que cruza una barranca—, dos bosques de cactus, el Cráter Sunset, que es un cono volcánico de 300 metros de altura, la extensa cima amesetada trono de Wotan y el templo de Vishnu, con su cúspide. Nombres puestos por Fran»cois Matthes, científico aficionado a las mitologías nórdica e hindú, quien relevó el primer mapa topográfico del Gran Cañón, en 1902. En auto se pueden recorrer Desert View Drive, que acompaña el borde del cañón por 42 kilómetros, y el Hermit Road, que lo sigue por 13 kilómetros. Es posible meterse en el Gran Cañón: bañarse en sus cascadas, explorar sus mágicas cavernas, acampar, entrar en contacto con la cultura indígena y con las historias del viejo oeste y hasta transportarse en balsas. Además, en aventuras de entre tres y seis días, puede hacerse rafting en el río Colorado. La Grand Canyon Airlines hace tours aéreos desde 1927. Tanto desde Las Vegas como de Flagstaff, Williams (donde almorzamos) y Tuysayan salen helicópteros y aviones que permiten desde el cielo experimentar las dimensiones reales del Gran Cañón. No muy lejos de la pareja que tomaba champán, un indio anciano hablaba con un joven. El indio hizo un gesto con el brazo para mostrar la enormidad del paisaje y dijo al joven: "A ver si puedes capturar esto: estás rodeado de infinito".
Me queda el recuerdo de estos muy buenos amigos y de haberles cumplido el sueño de sacarlos a pasear, en forma segura, por las desérticas rutas de Nevada y Arizona. A ellos, mi cariño y aprecio. Y un profundo agradecimiento por haberme visitado. De ahora en más, nuestro contacto será telefónico y por cartas, pero cuando Miguelito, el "Colo" y Jorgito piensen en toda la magia de la ciudad de Las Vegas, sabrán que allí, un amigo misionero siempre los esperará...