miércoles, 14 de noviembre de 2007

Cuarenta y cuatro años sin Kennedy

El 22 de noviembre se cumplirán 44 años del asesinato del presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Los recuerdos aún están frescos, así como las conjeturas sobre su muerte. Un presidente carismático. John F. Kennedy se supo ganar el cariño del pueblo estadounidense, que aún lo recuerda. Un nuevo análisis de una cinta grabada realizada hace 44 años por un policía de Dallas podría arrojar mayores dudas sobre la teoría de que el asesino del presidente John F. Kennedy no actuó solo. Durante décadas, teóricos de la conspiración -y algunos científicos- han sostenido que un sonido en la cinta es un disparo realizado desde un pequeño montículo cubierto de pasto realizado por alguien más que Lee Harvey Oswald. Empero, Bob Berkovitz, experto forense en acústica, analizó la grabación y encontró muy improbable que el sonido sea de un disparo de arma de fuego. “La teoría de que el ruido representa un disparo desde el montecito cubierto de pasto no es apoyada por el análisis por computadora”, dijo Berkovitz, después de estudiar la cinta para un programa de televisión. Para los que creen que hubo una conspiración en el asesinato del 22 de noviembre de 1963, la cinta es una evidencia clave. Se cree que ésta fue hecha por un policía de Dallas que se desplazaba en motocicleta y que accidentalmente dejó encendido su micrófono durante los minutos del asesinato. Las transmisiones del micrófono fueron grabadas en el cuartel de la policía. El Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos, después de escuchar los reportes sobre las expertos de acústica que dijeron que había una alta probabilidad de que la cinta contuviera cuatro sonidos de disparos -en lugar de los tres que se cree disparó Oswald- encontró, en 1979, que probablemente fue resultado de una conspiración.



Pero un panel especial de la Academia Nacional de Ciencias, encabezado por un físico de Harvard que posteriormente ganaría el Premio Nobel, en 1982, disputó la evidencia de un cuarto disparo. Indecisión Otros estudios han apoyado una posición o la otra y no parece probable que el de Berkovitz sea la última palabra en el largo debate. G. Robert Blakey, ex consultor en jefe del comité de la Cámara de Representantes y ahora profesor de derecho en Notre Dame, dijo que tenía curiosidad en conocer el análisis de Berkovitz, pero que apoya la investigación de la Cámara. “¿Oswald recibió ayuda? Creo que hay una gran probabilidad de que hubiera un disparo desde el monte cubierto de pasto”, dijo. El segmento clave de la cinta analizada por Berkovitz está lleno de un zumbido de estática con algunos ruidos cortos y rápidos. Sea como haya sido. Solo o con cómplices. Complot o no. Lo cierto es que aquel 22 de noviembre de 1963, hace exactamente 44 años, en el momento en que asesinaron al joven y atractivo presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy y éste cayó –inerte- en los brazos de su mujer ante las cámaras de televisión, en ese instante la poderosa nación del norte cambió para siempre. Muchos aún piensan que en esa fracción de segundo esa nación, todavía joven, perdió para siempre su inocencia. Sin embargo, Estados Unidos ya la había perdido varias veces antes (en la Guerra Civil, en la Primera Guerra Mundial y en la Gran Depresión). “Todas las generaciones pierden su inocencia”, afirma el historiador Sherry Paris. “Nosotros perdimos la nuestra el 11 de septiembre (de 2001) y el mundo cambió para siempre. Para los estadounidenses, el magnicidio de Kennedy, en 1963, fue igual de significativo. “Existía la sensación de que nada volvería a ser lo mismo y eso destapó una caja de Pandora de ideas, acciones y terremotos”, añadió. En otras palabras, lo que hizo que el asesinato de Kennedy se convirtiera en un suceso que marcó la historia fue que se convirtió en el primero y más dinámico de toda una serie de cataclismos y fuerzas revolucionarias que se sumaron para transformar Estados Unidos en una época que ahora, sencillamente, denominamos los años 60. Otra nación “Aquel disparo que mató al presidente fue un tiro que marcó el inicio de todo el período”, apunta el catedrático de Cultura Robert Thompson. En los años que siguieron, Estados Unidos se vio sacudido y tuvo que cambiar por los movimientos de derechos humanos, las organizaciones ecologistas, la guerra de Vietnam, los movimientos de protesta y la revolución sexual. También comenzó a a expandirse el consumo de drogas que alteraban la mente, el éxito del rock’n roll, el auge de los Beatles y el aterrizaje del hombre en la luna. Todos estos acontecimientos juntos hicieron avanzar a Estados Unidos de las formalidades en la sociedad tradicional de los años 50 a la turbulenta época contemporánea.



Casi todos, si no todos estos acontecimientos dramáticos habrían ocurrido pese a la suerte que corrió Kennedy. Pero unidos al crecimiento de la televisión en vivo, que experimentó un momento decisivo con el magnicidio, la sociedad estadounidense nunca volvería a ser lo mismo. “Durante cuatro días, todo el mundo estuvo pegado frente a la pantalla”, señala Thompson. “Fue un punto de inflexión en el periodismo moderno televisivo”. El magnicidio del joven presidente en el que se habían depositado tantas esperanzas quebró ese revestimiento de robustez que vistió Estados Unidos y la confianza en sí mismo que el país gozaba desde la Segunda Guerra Mundial. El desconcierto se impuso porque nunca hubo una explicación satisfactoria a los misterios que rodearon la muerte de Kennedy. En la actualidad abundan las teorías conspirativas sobre el magnicidio de este presidente con fama de mujeriego, que tomaba numerosas medicinas y pastillas para aplacar sus diversas enfermedades. Aparte de la teoría oficial de que lo mató una sola persona, también se especuló con que la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la mafia o los comunistas estarían detrás. “Cuando un país no recibe una explicación satisfactoria sobre quién mató a su presidente, por supuesto que habrá una pérdida de fe en el gobierno”, explica Paul Scuderi, politólogo de la Universidad de California. “Y desde entonces esa fe nunca se ha recuperado”, concluye. El legado de JFK Cuando llegó a la Casa Blanca, en 1961, John F. Kennedy arrasó en la política del país con su nuevo estilo. Aparte de bien parecido, era enérgico, joven y liberal, y cautivó no sólo a una generación de jóvenes, sino también al medio de comunicación más innovador de la época: la televisión. Su elección, el primer presidente católico y el más joven en asumir el cargo, con 43 años, rompió el primero de los muchos tabúes políticos que ha apartado de la política nacional a mujeres, negros, así como a hispanos y a los que no fuesen protestantes. En los 40 años que han transcurrido desde el asesinato, todas esas barreras y algunas más han caído empujadas por la acción social y los levantamientos en los años 60, a lo cual Kennedy contribuyó no sólo inspirándolos, sino también provocándolos, como cuando envió tropas a la odiada guerra en Vietnam. Sin embargo, el principal mensaje que llegó a los jóvenes fue la implicación social de los Cuerpos de Paz de Kennedy y las ambiciones científicas que hicieron que el hombre pisara por primera vez la luna, aun cuando esto ocurrió después de su muerte. Pero todo ello implicaría sacrificio, según el propio Kennedy advirtió. “No se pregunten lo que el país puede hacer por ustedes; pregúntense lo que ustedes pueden hacer por el país”, dijo a la nación el mismo día que asumió el cargo y que más tarde se convertiría en posiblemente su cita más famosa. Pero los medios de comunicación acuñaron otro término famoso a la era Kennedy: la llamaron Camelot, según el mítico reino del rey Arturo. Gente del mundo de la interpretación, cantantes, premios Nobel y artistas acudían a cenar con Jackie, la primera dama, y Jack en la Casa Blanca en un renacer de ideas y culturas. “Aportó una especie de energía, de emoción y entusiasmo que la nación no había vivido en tiempo”, señaló Stephen Hess, analista de la Brookings Institution, una institución privada con sede en Washington.



Todo aquello acabó en la crucial fecha del asesinato, que sumió al país en un profundo pesar que se intensificó con la cobertura que de los hechos hizo el medio de comunicación moderno de la época: la televisión. Millones de personas vivieron y siguieron el duelo en los salones de su casa, en una semana de emisiones en directo sin precedentes que acabó con la retransmisión del funeral de Kennedy. Los colegios cerraron, los niños y todo el mundo seguía los inolvidables detalles de unos funerales que una mujer tan consciente de la imagen como Jackie Kennedy jamás podría haber imaginado. En el recuerdo queda el hijo pequeño de Kennedy, John John, saludando el féretro de su paso mientras sonaba el himno de la Marina, en recuerdo al heroísmo de Kennedy como combatiente de la II Guerra Mundial. Han pasado cuarenta y cuatro años y el recuerdo aún está fresco. Es probable que continúen apareciendo más tesis sobre el magnicidio, pero lo cierto es que, con la muerte de Kennedy, la sociedad estadounidense cambió para siempre.

Biografía completa de John F. Kennedy
Teorías sobre el asesinato de John F. Kennedy