jueves, 17 de enero de 2008

El atentado contra Castro que no logró tocar fondo

Un reportaje especial del periodista colega Wilfredo Cancio Isla en el diario "El Nuevo Herald" de Miami (EEUU.) es hoy uno de los temas mas comentados en el sur de la Florida. Y tiene que ver con los '60. Un revelador informe que nos vuelve hacia aquellos turbulentos años. Foto: EL LIBRO del cubano Pablo Pérez-Cisneros contiene numerosas revelaciones sobre las negociaciones para traer a Estados Unidos a los prisioneros de Bahía de Cochinos. (ROBERTO KOLTUN / El Nuevo Herald).

WILFREDO CANCIO ISLA
El Nuevo Herald

Aprovechando las negociaciones para liberar a los prisioneros de Bahía de Cochinos, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) pretendió utilizar a una pieza clave de la mediación, el abogado estadounidense James B. Donovan, para que entregara a Fidel Castro un regalo mortal: un traje de pesca submarina contaminado con un hongo lacerante de la piel, junto con un respirador que portaba el bacilo de la tuberculosis.
En la cronología oficial cubana que recoge más de 600 planes supuestamente concebidos en Estados Unidos para asesinar a Castro, el operativo de la CIA se menciona como un hecho que habría ocurrido en enero de 1963, cuando en realidad el equipo de buzo fue entregado al gobernante cubano en noviembre de 1962.
La revelación es una de las decenas de anécdotas narradas o apenas esbozadas en After the Bay of Pigs (Después de Bahía de Cochinos), publicado por Alexandria Library, en Miami. Un libro que registra la historia desconocida de las negociaciones sostenidas entre el Comité de Familiares para la Liberación de los Prisioneros y el gobierno cubano entre abril y diciembre de 1962.
El volumen de 238 páginas, publicado a fines del 2007, fue escrito por el exiliado cubano Pablo Pérez-Cisneros, con la colaboración de John B. Donovan, hijo del abogado negociador ya fallecido, y de Jeff Koenreich, un veterano miembro de la Cruz Roja que ha promovido las misiones humanitarias entre Estados Unidos y Cuba. El autor es hijo de Berta Barreto de los Heros, quien presidió el comité de familiares e intercedió ante Castro para conseguir el canje de 1,203 prisioneros de la fallida expedición armada de abril de 1961.
Barreto de los Heros, que falleció en 1992 sin terminar el libro, era partidaria de que se escribiera en inglés para ``dejar saber la verdad al pueblo americano''.
Pérez-Cisneros, que empleó ocho años de investigación y escritura para cumplir con un deseo de su madre, fue justamente la persona que a finales de 1962 compró el traje de buzo y el equipo de respiración sin saber que ambos estaban destinados a Castro.
En junio de 1962, Pérez-Cisneros visitó por primera vez las oficinas de James B. Donovan, en Brooklyn, para solicitarle su intervención en las negociaciones con Cuba, luego de que fracasara una gestión precedente a través del llamado Comité de Tractores por la Libertad. La cita fue concertada por Robert W. Kean, hijo de un ex congresista y cuñado del expedicionario preso Joaquín Silverio.
Dos meses después, Donovan realizó el primero de los 11 viajes que lo llevaron a La Habana durante la mediación con el gobierno cubano.
''Cuando Donovan regresa a Cuba en octubre de 1962 es cuando Castro le dice que quiere conseguir un aqualung [equipo regulador de respiración conocido como scuba] y un traje de goma para bucear'', recordó Pérez-Cisneros. ``Entonces, Donovan me dice a mí que quiere conseguir unos equipos de calidad para cumplir con una persona, pero sin decirme que son para Castro''.
Pérez-Cisneros, quien fue campeón de caza submarina en Cuba, compró un traje submarino por $130 y un equipo de scuba por $215 en una conocida tienda de Time Square, en Nueva York.
En noviembre de 1962 los equipos para bucear les fueron entregados a Castro, quien pocas semanas después, en otro viaje de Donovan, le comentó al abogado sobre el obsequio.
''Usted sabe, doctor Donovan, que me gustó su regalo, el aqualung'', le dijo Castro. ''Bueno, me alegra oírlo, es el mejor equipo de aqualung posible para el buceo en aguas profundas'', acotó el abogado.
``Lo sé``, le respondió Castro. ``Ya lo probé''.
El diálogo figura en los testimonios reproducidos de la papelería de Donovan, quien falleció en 1970.
Meses después de concluidas las negociaciones, fue que Pérez-Cisneros conoció los pormenores de la historia real.
Foto: Erneido Oliva (derecha), segundo al mando de la Brigada 2506, cuando entregaba en 1963 al presidente John F.Kennedy la bandera de ese grupo, en el Orange Bowl de Miami.

¿Quién era James B. Donovan?

Durante la II Guerra Mundial había trabajado para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), antecesora de la CIA, y fue uno de los fiscales escogidos para procesar a los criminales nazis ante el Tribunal de Nurenberg. En febrero de 1962 fue el principal mediador para lograr el cambio de espías más espectacular de la era de la guerra fría: el intercambio del coronel ruso Rudolf Abel por los estadounidenses Frederick Prior y Gary F. Powers, piloto de un avión de reconocimiento U-2 abatido sobre territorio soviético.
Cuando Donovan informó a la CIA que Castro quería equipos de buceo, la agencia estadounidense le dijo que se encargaría del caso. Pero el abogado rechazó involucrarse en la operación con el traje y el equipo de scuba contaminados, y prefirió llevarle al gobernante los equipos comprados en Time Square.
En marzo de 1963, Castro invitó a Donovan y al abogado John E. Nolan, quien actuaba en representación del entonces secretario de Justicia Robert Kennedy, a una jornada de buceo en la zona de Playa Girón, y en esa ocasión usó nuevamente los equipos obsequiados por el mediador estadounidense.
''Cuando conversamos [a fines de 1963], Donovan me dijo que se erizó con la idea del atentado a Castro, y se negó a llevar los equipos de la CIA pensando que si Cuba detectaba el operativo se arruinaban las negociaciones y podrían fusilarlo'', contó Pérez-Cisneros, que se asiló en la embajada de Costa Rica en La Habana en mayo de 1961 y llegó a Estados Unidos siete meses después.
Salpicado de sucesos curiosos e insospechados, el libro es el tenso relato de cómo el amor, la tenacidad y la astucia lograron el canje de los prisioneros de la Brigada 2506 a cambio de $53 millones en alimentos, medicinas y equipos médicos.
La intervención del comité con la ayuda de Donovan se produce en un momento de incertidumbre sobre la suerte de los prisioneros.
En septiembre de 1961, cinco brigadistas son fusilados en Santa Clara tras juicios sumarios y cinco condenados a 30 años de cárcel sin la posibilidad de ser incluidos en negociaciones posteriores.
Pocos meses después, el 29 de marzo de 1962 se abre el juicio en el Castillo del Príncipe contra los demás prisioneros de guerra. Las condenas son de 30 años de cárcel, con sometimiento a trabajos forzados y pérdida de la ciudadanía. El gobierno cubano informa que las sanciones serán conmutadas por indemnizaciones, que oscilan entre medio millón de dólares por cada uno de los jefes militares de la Brigada, José San Román y Erneido Oliva, y el dirigente civil Manuel Artime, y entre $100,000 y $25,000 por los restantes prisioneros.
Entre los brigadistas condenados estaba Alberto Oms Barreto, hijo del segundo matrimonio de Barreto de los Heros. Es así como esta mujer decide asumir el liderazgo del comité y allanar un encuentro con Castro mediante contactos con su secretaria personal, Conchita Fernández.
Había un factor histórico a su favor. Su ex esposo, el diplomático Guy Pérez-Cisneros, fallecido en 1953, había intercedido por la liberación de Castro y el grupo de cubanos que fueron detenidos en Colombia durante los sucesos del Bogotazo en 1948.
El primer encuentro del comité con Castro se produce en casa de Barreto de los Heros en Miramar, el 10 de abril de 1962, y apenas una semana después 60 prisioneros heridos pudieron abandonar el país rumbo a Miami, donde recibieron tratamiento médico urgente en el Hospital Mercy.
La entrada de Donovan en el proceso negociador agilizó las negociaciones, sólo interrumpidas durante la Crisis de los Misiles de octubre de 1962.
Conociendo que el teléfono de Barreto de los Heros estaba controlado, Donovan viajó con un código secreto para comunicarse hacia el exterior. La clave 13 indicaba el momento en que estaba reunido con Castro, cuyos encuentros más sistemáticos ocurrieron en casa de su asistente personal, Celia Sánchez, y en el Palacio Presidencial.
Donovan también hizo gala de su sabiduría sobre los sistemas de espionaje doméstico, y comentó en casa de Barreto de los Heros que estaba pasando mucho trabajo con su dieta, que ameritaba jamón y otras provisiones ya faltantes en los mercados de la isla.
Al día siguiente, dos guardas vestidos de verde olivo se aparecieron en la casa con una nevera llena de alimentos ``para la dieta del señor Donovan''.
A mediados de diciembre, Castro accedió al acuerdo y entregó una lista de 29 páginas con los alimentos y las medicinas que debían ser enviados a Cuba. Los últimos diez días de la negociación fueron sumamente intensos, pues Donovan movilizó a un equipo de 60 abogados para lograr los donativos prometidos por 157 empresas estadounidenses.
El 23 de diciembre de 1962 salieron rumbo a Miami los cinco primeros aviones fletados con 484 brigadistas y un día después los 719 prisioneros restantes viajaron en nueve vuelos. Los aviones aterrizaron en la Base de la Fuerza Aérea de Homestead y sus pasajeros fueron trasladados en ómniubus de la Cruz Roja hasta el auditorio de Dionner Key, en Coconut Grove, donde aguardaban sus familiares.
Barreto de los Heros salió en el último avión desde la base militar de San Antonio de los Baños, sin estrechar la mano que le tendió Castro al pie de la escalerilla, en señal de despedida.

La exitosa negociación dejó otros beneficiosos resultados colaterales para prisioneros políticos y familias cubanas. Durante el primer semestre de 1963 lograron salir de Cuba por vía aérea 1,614 personas, entre ellas 23 ciudadanos estadounidenses. Tres de estos últimos eran agentes de la CIA que no habían sido detectados.
También, desde finales de 1962 hasta el 4 de julio de 1963, 6,243 personas emigraron en ocho barcos de la Cruz Roja, entre ellos familiares de los brigadistas y padres de los niños enviados a Estados Unidos durante la Operación Pedro Pan (1960-1962).
''La lección de este episodio histórico es que los problemas pueden resolverse conversando siempre y cuando haya receptores para la negociación'', comentó Pérez-Cisneros. ``Nada se consigue si no existe una razón que obligue a la otra parte a sentarse a la mesa''.

Nota cortesía de "El Nuevo Herald" de Miami para "El clan de la nostalgia".