domingo, 30 de marzo de 2008

A 26 años de la Guerra de Malvinas...

Una vieja foto de un cartel en SAN JOSE (Misiones), el lugar de mi infancia, donde habia pasado en 1982 cuando la Guerra de Malvinas.


A través de esta carta quiero rendir mi sincero homenaje a los pilotos argentinos que participaron hace casi 26 años en la Guerra de Malvinas. Son sólo unos centenares -o eran- pero nunca les importó la muerte de sus camaradas o la posibilidad de perder la suya en la próxima salida.
Pocas veces se ha visto en el mundo tanta gallardía ante la vida, tanta responsabilidad ante la muerte, tanta consideración ante los propios, tanta audacia ante lo ajeno. Actuaron en condiciones extremas con el objetivo a quinientos kilómetros y el carburante justo para estar sobre él tres o cuatro minutos y regresar. Un ojo puesto en el blanco, el otro, en la aguja del depósito, olvidándose de los misiles que llegaron por todas partes, de los barcos, de los aparatos enemigos, de las baterías de tierra. Sin alardes, sin hablar siquiera. Dejando a los ingleses la cuenta de los derribos y de los impactos. Ellos se limitaron a protagonizarlos. Sin apaventos ni petulancia. Como si fuera la cosa más natural del mundo.
No está de moda en nuestros días el panegírico de las glorias militares y no estoy nada seguro que ésta crónica lo sea; es la calidad humana de los pilotos argentinos lo que me inspiró siempre. En un mundo como el nuestro, donde la norma es exigir pero no dar, el ejemplo de estos aviadores, dándolo todo sin pedir nada, ni siquiera un aplauso, es de tal sobria elegancia que deslumbra en su lucidez. La mente moderna necesita hacer un esfuerzo para abarcarlos y aun así no lo consiguen. No dieron la vida, naturalmente, por la Junta. Ni siquiera la dieron -cree uno- por conceptos abstractos, como el honor o la patria. La dieron por algo muy concreto, muy precioso. Por su comunidad, que les encomendó su defensa, y en último término, por algo tan simple como el cumplimiento del deber.
Individuos así ennoblecen toda especie. En este caso particular nos ennoblecen sobre todo a los hispanos. No sé si el sacrificio de estos pilotos devolverá las Malvinas a nuestro país. Pero sé otra cosa, tal vez más importante, porque las Malvinas tarde o temprano, y el mundo gira hoy muy rápido, serán argentinas. Sé que ahora, cuando los norteamericanos en donde vivo se imaginen cómo es un argentino, ya no pensarán en el gaucho típico, en el engominado cantante de tangos o en la nueva presidente. Pensarán en esos pilotos que han sabido morir por saber por qué vivían, privilegio hoy al alcance de muy pocos. Es lugar común decir que Argentina ha sido bendecida por todos los dones del Cielo y de la Tierra. Pero sobre todo, ahora lo sé, por sus hijos que se hicieron aviadores.

PELICULA: "Estuvimos ahí" (Guerra de Malvinas, 1982)



León Gieco. Para la vida