lunes, 11 de agosto de 2008

Halcones sobrevuelan calles de Posadas

En una de esas recorridas al navegar por internet pude descubrir al Club Halcón que agrupa a los amantes y simpatizantes del automóvil argentino Ford Falcon en la provincia de Misiones.
Su presidente es Mauricio Eduardo Vedoya y este club nace el 18 de Julio de 1999. Desde esa fecha y en forma continua e ininterrumpida se reúnen en la capital Posadas el primer domingo de cada mes, desde las 16 horas, en el Parque “República del Paraguay” y en la ciudad de Oberá (formados recién este año), el último domingo de cada mes en la plaza “San Martín”, también a las 16 horas.
También se acercan a este grupo de amantes del Falcon aquellos que poseen un Ford pero con características muy “especiales” y en los que se incluyen, por ejemplo, un Ford A modelo 1935, dos camionetas F-100 de colección y un Draster de 1/4 de milla “con toda la música”. Ellos revisten la privilegiada condición de “socios adherentes”.
Mauricio y sus amigos del Club Halcón siempre nos leen en “El clan de la nostalgia” y realmente es un gusto tenerlos en nuestros recuerdos.

FOTOS DE AUTOS FALCONS DEL CLUB HALCON MISIONES

De vez en cuando se los ve transitando por las calles posadeñas. Para algunos resultan indiferentes; otros, en cambio, se detienen a mirarlos, algunos invadidos por la nostalgia, otros por la “envidia”.
Son verdaderos objetos de arte y aquellos que los poseen se muestran orgullosos y seguros, pero muy “celosos” a la hora de que alguien quiera ponerle una mano encima.
Auténticas reliquias en el mundo asolado de modernidad, sus fanáticos son como arqueólogos que buscan y aman objetos antiguos, que intentan reconstruir una cultura a partir de ellos y que se esfuerzan de continuo por una pasión que no tiene más utilidad que la del propio placer. Se trata de los autos antiguos, esas especies casi en extinción que transitan por la selva ciudadana, que construyen un oasis de belleza en medio de tanto gris y que muestran el amor de un grupo de hombres que se han propuesto desafiar al tiempo en cuatro ruedas. “No somos muchos los que quedan en Posadas o en el interior de Misiones -nos cuenta un propietario de un antiguo automóvil-; calculo yo que habrá alrededor de 200 autos a lo largo de nuestra provincia, quizás menos aún”.
En distintos puntos de la Argentina se encuentran distribuidos más de una decena de clubes que aglutinan a estos fanáticos de los “fierros”; y si nos vamos fuera de nuestra frontera, desde Inglaterra hasta Arabia Saudita, desde Estados Unidos hasta Bolivia; en cada rincón del Planeta existen hombres que poseen autos antiguos y que se mantienen continuamente en contacto, alimentándose mutuamente esa pasión.
El primer coche fabricado totalmente en la Argentina fue hecho por el español Manuel Iglesias en 1.907 y hoy se encuentra en el Museo de la Intendencia de la ciudad de Campana. Si bien hay otro que es anterior, el realizado por el ingeniero Anasagasti, tenía motor francés y por lo tanto no puede ser considerado como auténticamente argentino.
De ese mismo año, pero un poco anterior en su fabricación, es el coche más antiguo que existe en nuestro país; se trata de un Buick de 1.907, de fabricación norteamericana capaz de desarrollar en la actualidad una velocidad de 80 kilómetros por hora.
En nuestro país, la Federación Argentina de Clubes de Automóviles Antiguos, entidad que nuclea a los clubes provinciales, pone como requisito mínimo que el auto tenga por lo menos 40 años de antigüedad, que esté tal cual salió de fábrica o restaurado de acuerdo con el original.
Se aceptan, sin embargo, coches más modernos aunque sólo cuando éstos sean originales, es decir, aquellos que, por ejemplo, son de fabricación extraña o que por algún motivo pueda ser considerado como un objeto excepcional.
El que compra un auto antiguo se convierte en un verdadero arqueólogo. Si al auto le faltan piezas, su dueño inicia una búsqueda infernal para poder encontrarlas. En algunos casos los repuestos no están en la Argentina y es necesario pedirlos al exterior, aunque no siempre se consiguen.
Cuando esto ocurre, aparecen en escena los restauradores, aquellos que con suma paciencia fabrican los repuestos faltantes de acuerdo con el original. Es un trabajo de pura artesanía, pues los repuestos se los reconstruye de forma manual y en la mayoría de los casos se los fabrica de acuerdo con una foto o con informes técnicos o con los dibujos que figuran en los libros de despiece.
En algunos casos la restauración dura años, pero una vez que alguien quiere poner un auto antiguo como recién salido de fábrica, no cesa en su tarea hasta que no lo ve totalmente armado; se convierte casi en una obsesión.
Así es como se restauró un Marathon de 1.910, uno de los coches más antiguos y más bellos que hay en nuestro país. Su dueño lo adquirió casi totalmente desarmado; tanto que pudo cargarlo en el baúl de su coche para llevarlo al taller de restauración.
Luego de años de trabajo el auto quedó en excelente estado y hoy forma parte del patrimonio nacional de autos antiguos.

Inserción en la sociedad

Comúnmente, los clubes de automóviles antiguos participan en desfiles, actividades de beneficencia, realizan pruebas de destreza y regularidad y en muchos casos, sus autos son solicitados por productores de cine o televisión. Así es que para la película Evita, la productora del director de cine Alan Parker solicitó coches ingleses para su realización. Con buen tino, estos arqueólogos del automóvil le aconsejaron que usen autos norteamericanos, pues hasta la década del ´60, el 90 por ciento del parque automotor argentino estaba formado por coches traídos del país del Norte.

Posadas romántica

Seguramente muchos memoriosos vecinos recordarán que el coqueto automóvil del vecino Aníbal Horrisberger haya sido el más notorio de los coches que no hace mucho transitaban las calles posadeñas, sobrevivientes de la Posadas romántica de las décadas del ´20 y del ´30, y también de las del ´40 y ´50; cuando la antigua Trinchera de San José estaba delimitada por las ahora avenidas Corrientes, Sáenz Peña, Roque Pérez y Bartolomé Mitre.
Es así que también se destacaban los viejos autos -ahora clásicos- del contador Ortíz y de los jóvenes hermanos Petta.
Epocas de la tradicional “bañadera” que unía el centro de la ciudad y el Parque República del Paraguay u otros puntos; cuando la juventud daba la “vuelta al perro” en la plaza 9 de Julio, o bien, concurría a ver los estrenos cinematográficos del Teatro Español; los mayores que en amables tertulias se sentaban a tomar café en las mesitas del Café Tokio, en plaza 9 de Julio; o escuchar las retretas de la banda municipal; o iban a bailar a las pistas del Parque Japonés o en los salones del Progreso.
En aquellos tiempos, los coches no sabían de manos o contramanos, se circulaba en plena libertad, casi en un ambiente familiar.
La llegada al puerto de un barco de pasajeros con algún familiar o amistades; o en la estación del ferrocarril, congregaba a los automóviles de la época, propiedad de caracterizadas familias posadeñas. Y así, con el correr del tiempo, visualizar un antiguo y majestuoso coche, significa valorar estas verdaderas máquinas que luchan tozudamente para sobrevivir, como diciendo “estos sí que eran autos…”


Sitio Oficial del Club Halcón Misiones - Amantes del Ford Falcon