domingo, 20 de junio de 2010

¡Feliz día del Padre!

Ser padre es un difícil oficio, iniciado desde el instante mismo en que la transmisión de la sangre traslada en el hijo la unión inseparable de la condición humana, poniéndose a las más exigentes pruebas cuando las circunstancias no son favorables y hay necesidad de afrontar las carencias que suelen presentar en forma cotidiana, es decir, en la vida misma. O también cuando el desconcepto de la responsabilidad paterna interrumpe esa unidad, con la consecuencia de una ruptura del núcleo que constituye una de las células básicas de la organización social.
De todos modos, no importan algunas de esas contingencias que provocan un quiebre en la comunicación de ambos factores -es decir, padre e hijo- por desinteligencias que pueden y deben ser superadas, ya que ambos están necesitados uno del otro. Y justamente en estas fechas clave, como el caso de la celebración del Día del Padre, es cuando deben acercar posiciones quienes participaron del distanciamiento, o bien consolidar sus espíritus aquellos que han mantenido una relación sin alteraciones.
Ese debe ser, en definitiva, el verdadero espíritu que sobrevuele el clima de este día especial, para acercarnos quienes están algo alejados y para hacer todavía más quienes están bien unidos. Y aunque resulte remanido, vayan nuestros deseos y profunda aspiración, de que todos los días del año tengan este mismo significado espiritual, más allá del materialismo que pueda constituir esta fecha.
Este Día del Padre es otra de las ocasiones muy importantes para reunir a la familia en torno de una mesa, donde el afianzamiento de los afectos y del respeto están muy por encima de la convocatoria gastronómica, que al fin y al cabo es solamente una justificación para estos encuentros que exaltan el valor de la familia, un ente sobre el cual gira el mayor sostén de la sociedad en sí misma.
Seguramente, en esta fecha de tanta significación, el padre estará encabezando la mesa familiar, rodeado por toda su familia, en un momento en que será destacado su rol como responsable de la unidad que debe imperar en todo el conjunto. Es que tanto de su comportamiento, que se traslada al ejemplo, como de su figura, está pendiente el alma y el espíritu del cual se nutren sus descendientes.
Estamos en este tiempo, viviendo momentos difíciles, que reclaman de sostenidos esfuerzos, destacándose la figura del padre como el elemento señero y rector, tanto en lo que significa la atención material de la familia -cada vez más compartida con la participación de la madre-, como de esa presencia dulce y cariñosa, pero que muchas veces, debe transformarse en adusta y cargada de energía, para implementar una disciplina que suele experimentar ciertos reveses, pero que en tiempo y forma, el padre tiene la obligación de mantener encauzada dentro de la normalidad.
Muchísimas veces, justamente por ese trajín de una época con ciertas turbulencias y que por lo tanto impone exigencias cada vez mayores, la figura paterna puede llegar a experimentar una pérdida de consideración, aun cuando siempre, y por sobre todas las cosas, recobra el elevado valor que tiene dentro de la estructura familiar, merced al rol que le toca desempeñar.
Puestas las cosas en ese punto, menester es comprender, y sin demora, obrar en consecuencia, para que la imagen del padre, así dispuesta por Dios y así consagrada por la moral para llenar la función que se comprende dentro de la institución familiar, tenga todo el amplio reconocimiento que merece. De modo especial en esta época de tantas complicaciones en ciernes, en la cual está fuertemente sacudida la institución matrimonial, mediante leyes en tratamiento que permitirían el matrimonio de dos personas de un mismo sexo.
Justamente hoy entonces, vayan para todos los papás, nuestros sinceros deseos de un ¡Feliz día!

Poema para el Día del Padre - Voz en Off del locutor Víctor Aroldo Velásquez by HoracioCambeiro